martes, 24 de octubre de 2017

La geografía no es nación (II)

Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera, me da leche condensada. Es una vaca muy salada.
La frontera tiene la virtud de ser linde, como la nube tiene la virtud de la altura. Ambas no existen por sí, son producto de circunstancias que ellas no manejan.
La frontera la crean los Estados, sus necesidades y los Estados vecinos. Y no lo hacen de manera fácil. Una linde en la mitad de un río no tiene el valor de una linde en lo alto de una montaña o en la misma ribera del mismo río.
Una tierra puede ser frontera del fín o frontera del principio. Incluso un territorio de un Estado puede ser una frontera final (sin más allá) o una frontera de conexión (con un más allá).
Incluso el mismo territorio que un día es frontera del fín pasa a ser frontera de principio. Y viceversa. Lo que hoy era el fin del mundo pasa a ser la puerta del nuevo mundo y lo que era el principio del mundo pasa a ser una frontera sin sentido dentro de otras fronteras y desaparece.
Es lo que le ocurre a los territorios fronterizos. Hoy son pobres por ser el final del territorio y ahora son ricos por ser la conexión más cercana a los nuevos intereses.
Eso es lo que ha sucedido en España con territorios como Vascongadas, Cataluña, Andalucía.
Pero quien ha manejado las circunstancias ha sido España, el Estado como Nación de derecho y, por tanto, con fronteras hacia otros Estados-Nación que se reconocen desde hace siglos por tratados recíprocos.
La frontera, en fín, no deja de ser un mero acto administrativo de carácter territorial.

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